*Nota publicada en Las Últimas Noticias. 22 de junio, 2017 

 

Método permite detectar microscópicas deformaciones en artículos como las ruedas de los carros de la Línea 4 del Metro, el chasis del auto o los eslabones de la cadena de una grúa. Así se pueden reemplazar mucho antes de que se rompan y adelantarse a las tragedias.

claudio aguilarCuando un metal ya no da para más, debido a la fuerza que debe soportar, el paso del tiempo o a los cambios de temperatura, lo más probable es que se rompa. Piense en un clip: si uno lo dobla obsesivamente varias veces, se va a quebrar y no va a pasar nada más, salvo que usted se pinche con los restos. Si hablamos, en cambio, de la rueda de un carro de la Línea 4 del Metro, de un segmento del chasis de un auto, o de un perno de una viga de una mina, las consecuencias pueden ser desastrosas.

Un método desarrollado por investigadores de la Universidad de Chile y Federico Santa María se adelanta a la "fatiga del material", de manera que cualquier pieza pueda ser reemplazada mucho antes de colapsar. Su trabajo fue publicado por la revista "International journal of plasticity".

"Queríamos medir cómo se deforma una pieza de metal. Uno la va girando de a poco y, con ultrasonido, que también se usa en las ecografías, medimos esta propiedad mecánica del material", cuenta Nicolás Mujica, doctor en física de la Escuela Normal Superior de París, académico del Departamento de Física de la  Facultad de Ciencías Físicas y Matemáticas de la Universidad de Chile y uno de los integrantes del equipo de investigadores.

El ultrasonido comprende todas las ondas sonoras cuyas frecuencias son superiores a la capacidad de audición del oído humano. Es decir, no se oyen. En el caso de las ecografías, esas ondas se traducen en imágenes y así vemos, por ejemplo, la guagua en el útero de la mamá. Con el método que desarrollaron los investigadores chilenos no ocurre lo mismo.

Un dispositivo emisor de ultrasonido bombardea la pieza de metal que se quiere analizar, las ondas la atraviesan, y al otro lado, un dispositivo receptor las registra. La clave está en la velocidad de las ondas. "Si al material no le pasa nada, esa velocidad no cambia, se mantiene constante. Lo que logramos demostrar es que, cuando se empieza a deformar plásticamente la pieza, la velocidad cambia, y eso es porque aparecen defectos en el material", explica Mujica.

Otro integrante del equipo, Claudio Aguilar, Ingeniero civil en Metalurgia y académico del Departamento de Metalúrgica y Materiales de la Universidad Técnica Federico Santa María, resalta las posibilidades de este trabajo: "Podemos detectar cuándo puede ocurrir una posible falla y así evitar accidentes. Podemos determinar así cuándo empiezan las deformaciones...

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